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Sinopsis

Cuando, en 1996, Ry Cooder viajó a Cuba para grabar un álbum con Ibrahim Ferrer y el resto de músicos que lo habían acompañado antes en el disco Buena Vista Social Club y que en Cuba son conocidos como los Super-Abuelos, Wenders lo siguió con un reducido equipo de filmación. El cineasta alemán observó a los músicos en el estudio y rastreó sus vidas en La Habana, para después continuar rodando en Amsterdam, donde Buena Vista Social Club ofreció dos conciertos, y finalizar en Nueva York, con un recital espectacular en el legendario Carnerie Hall.

Ficha técnica

Género Documentario, Música
Título Original Buena Vista Social Club
Director Wim Wenders
Protagonistas Compay Segundo, Omara Portuondo, Rubén González, Joachim Cooder, Elíades Ochoa, Barbarito Torres, Ibrahim Ferrer, Ry Cooder
Año de producción 1999
Duración 105 minutos.
Guionista Wim Wenders
País Alemania · Alemania Estados Unidos · Estados Unidos Reino Unido
Calificación de la comunidad
(Basada en 205 personas)
Calificación de la prensa
(Basada en 1 críticos)
Última modificación jev233 (Hace 7 anos)

Trailer

Críticas de la prensa

La Nacion (Argentina)

"Buena Vista Social Club" es un film milagroso en muchos sentidos: primero, porque está protagonizado por unos encantadores viejitos (y extraordinarios artistas) que algunos meses antes estaban casi retirados y totalmente olvidados hasta por los propios cubanos; porque su exhibición se convirtió en todo el mundo en un fenómeno de masas en el qu ... Leer más "Buena Vista Social Club" es un film milagroso en muchos sentidos: primero, porque está protagonizado por unos encantadores viejitos (y extraordinarios artistas) que algunos meses antes estaban casi retirados y totalmente olvidados hasta por los propios cubanos; porque su exhibición se convirtió en todo el mundo en un fenómeno de masas en el que el cine se acerca como pocas veces al espíritu energético de un recital en vivo; porque elude todos los clisés y convenciones tanto del documental musical como del registro turístico; y, finalmente, porque hasta logró que Wim Wenders, uno de los "autores" más pomposos, sobrevalorados y egocéntricos del cine europeo, se diera un baño de humildad y consiguiera un relato austero, cautivante y sensible.

Las grandes películas -y ésta es una de ellas- son posibles por una conjunción de elementos, una sumatoria de factores -y casualidades- que muchas veces (casi siempre) exceden todo aquello que ha sido cuidadosamente preconcebido y planificado.

En este caso, Wenders filmó buena parte de las imágenes con su camarita digital en mano, como si intentara captar -desprovisto de toda parafernalia técnica- la bella y decadente magia de La Habana, la esencia de su gente y la magnética humanidad, la inocencia, la dignidad y el talento de un grupo de artistas (encabezado por Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Rubén González y Elíades Ochoa) que en algunos casos son ¡joviales nonagenarios!
Música sin política

Más allá de que el documental arranca con unas fotos del Che Guevara y de Fidel Castro y cierra con los integrantes de Buena Vista Social Club cantando en el mítico Carnegie Hall de Nueva York con una bandera cubana sobre el escenario, Wenders tuvo el mérito de despolitizar su relato. No exalta al gobierno cubano pero tampoco carga las tintas sobre el hecho de que estos veteranos artistas prerrevolucionarios fueron prácticamente "escondidos" para dar lugar a la Nueva Trova Cubana, y que -antes de este redescubrimiento internacional- varios de ellos, desanimados, abandonaron la actividad artística para ganarse la vida lustrando botas o vendiendo cigarros.

La estructura narrativa de Wenders es tan sencilla como efectiva. Cada uno de los músicos se presenta en algún lugar característico de La Habana, cuenta su historia y luego aparece tocando o cantando en los estudios Egrem. El director de "Las alas del deseo" y "El amigo americano" apela a interesantes ideas de montaje, como encadenar las imágenes obtenidas en esas grabaciones con los registros en vivo de las mismas canciones conseguidos en las dos únicas series de conciertos que en 1998 ofreció la multitudinaria y longeva banda en Amsterdam y Nueva York.

Con el inestimable aporte del musicólogo y guitarrista Ry Cooder (verdadero ideólogo y productor de este proyecto, figura clave en el boom de la world music y viejo compañero de rutas de Wenders desde "París, Texas"), el cineasta alemán consigue un inesperado triunfo artístico entre tantos fracasos personales.

Aunque el mérito mayor, en este caso, debe atribuírsele a estos viejitos piolas, dueños de una vitalidad y un sentido del humor que muchos colegas jóvenes y supuestamente rebeldes podrían imitar un poco. Y, claro, a esa catarata de contagiosos sones, boleros y danzones que obliga al espectador a reprimirse para no pasar toda la película cantando, golpeando rítmicamente el piso o la butaca de al lado, o aplaudiendo al final de cada tema. Esta vez, bien vale una licencia. Hasta el más estricto de los cinéfilos entenderá de qué se trata.

Diego Batlle

4.00
Muy Buena

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Comentarios

mon28 comentó:

Buena Vista Social Club

4.000
"Muy Buena"

"Excelente documental que permitió a mucha gente (entre los que me incluyo) conocer a los abuelos de la música cubana."

Hace 6 anos · Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
el gordo loko calificó:

Excelente

muy buena, la banda de sonido debería ser obligatoria

Hace 7 anos · Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder

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