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Sinopsis

El protagonista es un viejo ilusionista que se encuentra sin trabajo ante las nuevas preferencias del público. Obligado a actuar en tugurios y rincones oscuros, el ilusionista termina conociendo a una joven inocente en un pub de Escocia, quien dará un nuevo rumbo a su existencia. El anciano intentará por todos los medios no defraudar a esta muchacha que está convencida del poder de la magia

Ficha técnica

Género Animación, Comedia, Drama
Título Original L'illusionniste
Director Sylvain Chomet
Protagonistas Jean-Claude Donda, Duncan MacNeil, Raymond Mearns, Eilidh Rankin
Año de producción 2010
Duración 80 minutos.
Productor Ciné B, Pathe Renn Production, Django Films
Guionista Jacques Tati, Sylvain Chomet
Música Malcom Ross, Isobel Griffiths, Terry Davies, Sylvain Chomet
País Reino Unido · Reino Unido Francia
Calificación de la comunidad
(Basada en 726 personas)
Calificación de la prensa
(Basada en 6 críticos)
Última modificación (Hace 5 anos)

Críticas de la prensa

Tiempo Argentino - Hugo Fernando Sánchez (Argentina)

Luminoso homenaje al maestro Tati

Llega una nueva delicia animada del director de Las trillizas de Belleville, que vuelve a abordar el tema de la soledad a través del conmovedor encuentro de un prestidigitador en decadencia y una joven trabajadora de una taberna.
Una historia que esperó durante décadas, el realizador de la fantástica Las ... Leer más Luminoso homenaje al maestro Tati

Llega una nueva delicia animada del director de Las trillizas de Belleville, que vuelve a abordar el tema de la soledad a través del conmovedor encuentro de un prestidigitador en decadencia y una joven trabajadora de una taberna.
Una historia que esperó durante décadas, el realizador de la fantástica Las trillizas de Belleville, una película de animación con apenas dos personajes ambientada entre los finales de los años cincuenta y el comienzo de los sesenta, todo eso es El ilusionista, segundo largometraje de Sylvain Chomet, que tomó un guión autobiográfico del actor y director Jaques Tati (1907-1982) y lo convirtió en el homenaje al maestro francés, uno de los grandes artistas del siglo XX, que dejó joyas inolvidables como Las vacaciones del Sr. Hulot, Mi tío y Playtime.
La película cuenta el comienzo del fin del vaudeville a través de un prestidigitador (alter ego de Tati), que actúa para cada vez menos público en teatros de mala muerte, miembro de un ejército en retirada compuesto por payasos, magos y ventrílocuos. El protagonista está solo, sin afectos a la vista pero también sin más obligaciones que con su arte en extinción. Y allí va, a donde requieran sus servicios, se sube a trenes, barcos carretas, lo que sea para llegar a distintas localidades de Gran Bretaña para hacer lo suyo en lugares aun peores que los de su patria.
Pero de pronto ocurre el milagro. En Escocia encuentra a una joven, pobre, fregona en una taberna, tan sola como este héroe grandote, anacrónico, que convierte a la adolescente en el motor de su vida, la hija que nunca tuvo, que lo admira por su capacidad de hacer aparecer objetos preciosos (vestidos adorables, relucientes zapatos), que le permiten a la chica soñar con otros mundos posibles.
En ese sentido, es conmovedor proceso de acercamiento del protagonista con la huérfana, llena de magia, humor y aprendizaje de ambos, como cualquier relacione padre-hija.
Si el imaginario de Tati se basaba en la crítica a la atronadora sociedad de consumo a través de un minucioso trabajo con el sonido que en buena parte provenía de los objetos que rodeaban a sus criaturas –en contraposición a la lucha contra los elementos de Buster Keaton–, tal vez la única objeción sea que Chomet utiliza el sonido de la música incidental para llenar huecos en la narración y así recorrer el camino de la nostalgia por un mundo que ya no existe.
Al filo de 2011, el estreno de El ilusionista es una agradable sorpresa en la cartelera local, una película que sin dificultades puede ubicarse entre los primeros puestos de las habituales listas de las “mejores del año”.

4.00
Muy Buena

La Voz del Interior - Roger Koza (Argentina)

La vida útil

Si bien no todos creemos en la inmortalidad del alma, asumir que todo lo que existe no vivirá para siempre no es afable. A veces, la lucidez es incompatible con el bienestar, de allí que cierta obstinación del instinto nos lleva a percibir el mundo, a quienes vivimos en él y nuestras prácticas como perennes. La ilusión que de ... Leer más La vida útil

Si bien no todos creemos en la inmortalidad del alma, asumir que todo lo que existe no vivirá para siempre no es afable. A veces, la lucidez es incompatible con el bienestar, de allí que cierta obstinación del instinto nos lleva a percibir el mundo, a quienes vivimos en él y nuestras prácticas como perennes. La ilusión que destituye El ilusionista es la creencia en la inmortalidad: la de ciertos oficios, modos de entretenimiento y estilos de vida.

Es 1959, y en un teatro parisino el ilusionista Tatischeff espera por hacer su habitual número de magia. Mientras, el público enloquece con una banda de rock: Billy Boy and the Britoons. Cuando el mago suba al escenario, la sala quedará semivacía, y los dos espectadores no quedarán encantados por la destreza de sus manos y las proezas que involucran a su conejo. Pero Tatischeff no se rendirá. Viajará a Londres, trabajará como mago de casamientos y teatros, llegará más tarde a una isla escocesa y luego se quedará por un tiempo en Edimburgo, en donde junto a una suerte de hija putativa (a quien adoptó en la isla) intentará sobrevivir ejerciendo su oficio.

En la segunda ciudad más importante de Escocia, Tatischeff verificará el fin de una época. Los datos están a la vista: un ventrílocuo alcohólico, un payaso suicida y unos acróbatas que han dejado el circo por la publicidad son personajes conceptuales de un mundo pretérito. Una vez más, Billy Boy and the Britoons vendrán por su lugar. En efecto: es el fin del music hall y el nacimiento del concierto de rock, o la sustitución de una forma de recreación por una nueva modalidad asociada al espectáculo. Esta tesis inicial se repite durante toda la película, y si queda alguna duda, el último plano, de un cartel de music hall que se va apagando, funciona como un certificado de defunción.

Tatischeff es el apellido original de Jacques Tati, uno de los cineastas más grandes de la historia del cine, el Chaplin de la modernidad cinematográfica. Aquí, como ya sucedía en Las trillizas de Belleville , el animador Sylvain Chomet le rinde homenaje, aunque en esta ocasión va un poco más lejos que una cita cinéfila: El ilusionista es una adaptación animada de un guión del propio Tati. Se trata sin duda de una pieza amorosa. Tati dibujado casi tiene el efecto de una resurrección. Sin embargo, hay algo del universo de carne y hueso de Tati que se resiste a su traducción animada, como si los gags y la comicidad lúcida de Tati necesitasen de su cuerpo.

El ilusionista es una película diferente. Chomet, sin duda, es un gran dibujante. Los planos generales de las distintas ciudades y los paisajes marítimos y montañosos son bellísimos. Los rasgos físicos de todos sus personajes son graciosos y originales. En ese sentido, la superioridad de estos dibujos respecto de productos como Megamente y compañía es ostensible. Sin embargo, la película puede resultar tan ajeno al público de hoy como sucede en el relato con el personaje frente a sus espectadores, para quienes el mundo del music hall es ya una estrella difunta. La magia ya no existe, se lee en una carta. O, dicho de otro modo, una modalidad del cine ya cumplió su vida útil.

4.00
Muy Buena

Clarin - Diego Lerer (Argentina)

La magia nunca se termina
Crítica “El ilusionista” El animador Sylvain Chomet toma un guión inédito de Tati y entrega un filme bello y melancólico.

La historia de un mago itinerante que a finales de los años ‘50 viaja de Francia a Escocia en busca de nuevos horizontes para encontrarse allí con una sorpresa algo inesperada fue un gui ... Leer más La magia nunca se termina
Crítica “El ilusionista” El animador Sylvain Chomet toma un guión inédito de Tati y entrega un filme bello y melancólico.

La historia de un mago itinerante que a finales de los años ‘50 viaja de Francia a Escocia en busca de nuevos horizontes para encontrarse allí con una sorpresa algo inesperada fue un guión que Jacques Tati dejó sin filmar. Aseguran que el comediante francés lo consideraba demasiado serio y melancólico -y sin el suficiente humor- como para que sea una de las aventuras de su alter ego cinematográfico, Monsieur Hulot, a quien conocimos a través de clásicos como Las vacaciones de Mr. Hulot y Mi tío , entre otros filmes.

Y algo de eso hay.

El ilusionista , retomado medio siglo después de haber sido escrito por el animador Sylvain Chomet (director de la excepcional y muy curiosa Las trillizas de Belleville ), no es una historia demasiado graciosa y apenas unas pocas situaciones llevan a la risa. Pero Chomet no tuvo miedo de entrar en este terreno: el filme es la historia de un artista en decadencia, de un viaje a un lugar de encanto y decepción, de un encuentro fortuito y de un mundo en vías de extinción.

Hay una combinación de dos artes que desaparecen que le agrega peso y densidad a la película de Chomet. Por un lado, la magia clásica y el antiguo vaudeville, que van perdiendo terreno en esa época frente a otros espectáculos de más impacto (como el rock: el filme transcurre en 1959). Y, por otro, la propia animación en 2D, para adultos, de dibujos simples y elegantes, de fondos tradicionales a los que Chomet agrega (en una mala decisión) algún que otro toque ostensiblemente digital.

El ilusionista sigue las peripecias de Tatischeff (el apellido real de Tati), un mago de esos que sacan conejos de galeras, hacen trucos con flores y fuego y no se caracterizan por la espectacularidad. Al hombre le va mal en Francia y termina llegando a un pueblito perdido de Escocia. Allí encuentra que su arte no sólo es más apreciado, sino que se topa con una niña que cree que su magia es real y que termina fugándose del pueblo cuando él concluye su paso por el lugar.

La chica y el mago viajan a la bellísima Edimburgo, que el filme animado captura en toda su espectacularidad (Chomet hizo la película viviendo durante años allí) y en donde el hombre consigue un nuevo trabajo. Allí termina convirtiéndose en una especie de padre de esta preadolescente que -fascinada por la gran ciudad- se va volviendo más caprichosa y exigente con el tiempo, haciéndolo trabajar de más con algunas graciosas consecuencias.

La película narra la historia de esta relación de forma mesurada, tranquila, con muy pocos espacios para gags. Aunque el conejo que el mago arrastra tiene sus momentos, Chomet abandona la pretensión de crear un filme animado cómico para toda la familia y prefiere apuntar a la extrañeza de esa relación padre-hija (se especula que el guión tiene elementos autobiográficos sobre una hija que Tati tuvo en Escocia y abandonó), a la melancolía que genera un mundo algo romántico en decadencia (el de la magia, pero también el de todo el concepto de music hall ) y a transmitir una sensación de tristeza, casi de desolación.

Para los fans de Tati habrá varios guiños, dos de los cuales son muy evidentes. Por un lado, la forma en la que la película es semi-muda, con diálogos casi ininteligibles (ellos hablan en distintos idiomas, de hecho). Y, por otro, cuando el Tati animado se encuentra, en la pantalla, con el real, en una escena de Mi tío . Y allí el círculo se termina de cerrar.

4.00
Muy Buena

Escribiendo Cine - E. Obregon (Argentina)

El realizador de Las trillizas de Belleville (Les triplettes de Belleville, 2003) vuelve a sumergirse en el inspirador mundo de Jacques Tati, esta vez no sólo desde su despliegue visual. También lo hace a través de un guión inédito de 1956 que lleva su firma. El Ilusionista (L’Ilusioniste, 2010) está teñido de un tono melancólico que aume ... Leer más El realizador de Las trillizas de Belleville (Les triplettes de Belleville, 2003) vuelve a sumergirse en el inspirador mundo de Jacques Tati, esta vez no sólo desde su despliegue visual. También lo hace a través de un guión inédito de 1956 que lleva su firma. El Ilusionista (L’Ilusioniste, 2010) está teñido de un tono melancólico que aumenta con el correr del metraje.

Este film animado, hecho con un exquisito diseño de arte, sigue el itinerario del mago Tatischeff, quien nos introduce a un pasado en donde el espectáculo de varieté comenzaba su declive. Nuevas expresiones artísticas como el rock and roll cobraban mayor impacto. Tratando de sortear este contexto, el hombre sale de gira en búsqueda de los espectadores perdidos. En Escocia conocerá a una introvertida joven, Alice, con quien lo unirá una relación cercana a la paternidad, vínculo que a ella le permitirá conocer una realidad hasta entonces ignorada. Si la muchacha tendrá una experiencia positiva, en cambio Tatischeff se las tendrá que ver con un destino más adverso, haciendo frente a las penurias económicas con su humilde acto y un irreverente conejo blanco a cuestas.

En su anterior film, Chomet se metía en el mundo del espectáculo desde un lugar más lateral y cómico. La comicidad de El Ilusionista sigue siendo eminentemente física, pero esta vez ha cedido en lugar de un relato más íntimo y melancólico. En ese sentido, el guión oscila entre la descripción del contexto artístico que le cierra las puertas al mago y la relación de éste con la chica y de la chica con el mundo urbano, en donde conviven la frivolidad y el excentricismo, pero también la posibilidad de encontrar el amor. La película es un testimonio de lo que ha sido y nunca más será, pero gracias al personaje de esta muchachita tímida, abre el camino hacia las nuevas generaciones desde un punto de vista menos dramático y pesimista.

La película casi no tiene diálogos y en cuanto a su estética se destaca una pátina de colores ocres, justa elección para una historia que rememora la filmografía de un maestro del cine como lo es Tati, hacedor de varias joyas (Playtime de 1967 o Las vacaciones del señor Hulot, Les vacances de M. Hulot, de 1953). Por momentos el justo homenaje pareciera restarle autonomía a la película, concentrada, como dijimos, en la tríada compuesta por Tatischeff, Alice, y las nuevas condiciones culturales. No es muy lógica dentro del universo del film la inclusión de un par de secuencias hechas con tridimensionalidad, dado que –justamente- gran parte del atractivo de El Ilusionista está relacionado con la “vieja escuela” de animación. Pese a ello, es muy apreciable observar cómo Sylvain Chomet vuelve a visitar a la escuela de cine cómico mudo en general y el cine de Tati en particular, proponiendo nuevos temas y potenciado su destreza en la animación.

El Ilusionista resulta una bienvenida mirada hacia el mundo del espectáculo de antaño, la vida en las ciudades y la transformación de los hombres en su contacto con otras realidades, temáticas contadas con melancolía y pura belleza visual.

4.00
Muy Buena

Página 12 - L. Monteagudo (Argentina)

En busca del tiempo perdido
El meticuloso trabajo de animación de Chomet, heredero en su dibujo artesanal de la llamada “línea blanca” de la historieta franco-belga, le calza como un guante al guión de Tati, de un lirismo tan sensible como elegíaco.

“Tati y Bresson son los dos genios gemelos del cine francés”, escribió alguna vez ... Leer más En busca del tiempo perdido
El meticuloso trabajo de animación de Chomet, heredero en su dibujo artesanal de la llamada “línea blanca” de la historieta franco-belga, le calza como un guante al guión de Tati, de un lirismo tan sensible como elegíaco.

“Tati y Bresson son los dos genios gemelos del cine francés”, escribió alguna vez Marguerite Duras. Para Jean-Luc Godard, “Tati tenía el sentido de la comedia porque tenía el sentido de la extrañeza”. Y según François Truffaut, “Tati, como Bresson, reinventa el cine en cada film”. Formado en el ambiente del teatro de varieté y el music-hall, Jacques Tati (née Tatischeff, 1909-1982) le dedicó al cine una obra tan escasa como influyente, apenas seis largos y un puñado de cortos de un rigor y una pureza extremos.

Actor, guionista, productor y director de sus propios films, Tati fue un autor total, que gozó simultáneamente de la popularidad del gran público (particularmente en sus primeros tres films) al mismo tiempo que era admirado y celebrado por sus colegas más exigentes. Su figura ha quedado asociada por siempre con la de su creación, el legendario Señor Hulot, protagonista de casi todos sus films e incansable batallador por un mundo más habitable, a escala humana, contra la homogeneización y la frivolidad de una cultura que se dice moderna. Para Serge Toubiana, director de la Cinémathèque Française, “en sus seis películas Tati captó algo esencial: el paso del tiempo, la evolución del mundo”. Y el crítico Michel Chion sintetizó: “Tati es un mundo en sí mismo”.

Es imposible referirse a El ilusionista sin mencionar a Tati. No sólo porque el segundo largometraje del animador Sylvain Chomet –el realizador de la celebrada Las trillizas de Belleville– está basado en un guión escrito por Tati que nunca llegó a poner en imágenes, sino también porque el propio Tati es el protagonista, a partir de una historia que, aunque no es precisamente autobiográfica, tiene mucho de personal (ver entrevista a Chomet).

Si en el vértigo ciclístico de Las trillizas de Belleville Chomet ya insinuaba su admiración por Tati, al que homenajeaba explícitamente con una cita de Día de fiesta (1949), su primer largometraje, aquel en el que un cartero repartía enloquecidamente la correspondencia trepado a una modesta bicicleta, ahora en El ilusionista Chomet vuelve a Tati en pleno, pero al Tati de los últimos años, marcado por la melancolía y escéptico de las bondades del mundo moderno, en el que se sentía fuera de lugar. Si en Mi tío (1958) –una de cuyas escenas Chomet ahora alude literalmente– el emblemático Monsieur Hulot, alter ego de Tati, se preocupaba por el viejo París que iba quedando atrás con la uniformización y automatización de la nueva ciudad, en El ilusionista reaparece, como un leitmotiv, ese mismo tema: el transcurso del tiempo, los cambios en las costumbres, la inadecuación frente al mundo.

El ilusionista del título es Tatischeff, un viejo mago profesional, tristón y solitario, que allá por los años ’50 comienza a sufrir las mutaciones en los gustos del público y la aparición de nuevos espectadores, que ya no serán los suyos. El mundo del music-hall está en decadencia, las luces del varieté comienzan a apagarse y ya casi no queda audiencia para sus repetidas rutinas. Probará salir de gira, pero nomás llegar a Londres descubrirá el signo de los tiempos que corren: las adolescentes histéricas ante cada nueva actuación de The Britoons, algo así como un supuesto antecedente de los Beatles. Más lejos, en un pueblo perdido de Escocia, encontrará no sólo algo de su viejo público entre los parroquianos de un pub. También conocerá a una muchacha pobre e ingenua, que cree descubrir en el mago el misterio de un mundo desconocido y ajeno y a quien Tatischeff adoptará casi como a una hija.

Como en toda la obra de Tati, en El ilusionista el argumento es lo de menos. Lo que verdaderamente importa son los ambientes, los detalles significativos, las pequeñas acciones reveladoras, los apuntes no por laterales menos importantes. El meticuloso trabajo de animación de Chomet, heredero en su dibujo artesanal de la llamada “línea blanca” de la historieta franco-belga, le calza como un guante al guión de Tati, de un lirismo tan sensible como elegíaco.

4.00
Muy Buena

La Nación - F. López (Argentina)

El ilusionista
Sylvain Chomet crea un delicioso ?homenaje a Jacques Tati y el music hall

Lápices y acuarelas producen el milagro. Aquí está otra vez Jacques Tati, aquel poeta de la comicidad, este señor impasible y larguirucho, de aire ensimismado, pantalón siempre un poco corto y movimientos algo torpes que suele dirigir la mirada hacia l ... Leer más El ilusionista
Sylvain Chomet crea un delicioso ?homenaje a Jacques Tati y el music hall

Lápices y acuarelas producen el milagro. Aquí está otra vez Jacques Tati, aquel poeta de la comicidad, este señor impasible y larguirucho, de aire ensimismado, pantalón siempre un poco corto y movimientos algo torpes que suele dirigir la mirada hacia las cosas más simples de este mundo y descubrir en ellas el costado gracioso, que es también un costado revelador. Tenía que ser Sylvain Chomet quien lo trajera de regreso: quien haya visto Las trillizas de Belleville habrá percibido que hay una secreta afinidad entre ellos, cierto parentesco en la sutil elegancia con que conciben el humor, en su estilo de caricatura, en su ternura, en su tenue melancolía.

Y ahí estaba el Film Tati Nº 4 , un viejo guión que el genial creador del Sr. Hulot dejó en estado de proyecto, listo para que Chomet concretara en animación lo que, muerto su creador, ya era imposible materializar con actores. La idea de asociarlos fue de Sophie Tatischeff, la hija de Jacques y original destinataria de la fábula, que alude a la relación entre un prestidigitador maduro y una muchacha pobre que lo adopta como padre, y constituyó el primero de los muchos aciertos de este film delicioso. Difícil establecer cuál es el principal: si la animación de Tati (obra del propio Chomet, ilusionista él también al fin porque devuelve la vida a la figura inconfundible); si haber modificado el guión para que fuera Edimburgo (la ciudad donde vive el director y le es bien familiar) el escenario en que transcurre la mayor parte de la aventura; un escenario de ensueño gracias al trazo meticuloso y el tratamiento poético de la luz y el color; si el bello cuento que mezcla gracia y tristeza al exponer las desventuras del ilusionista que, en París, en Londres o en Escocia tropieza con el mismo desinterés de un público que prefiere delirar con los jóvenes ídolos del rock, o si la dulce melancolía que envuelve su historia con Alicia, la chica menesterosa que descubre en uno de esos hoteles llenos de saltimbanquis, ventrílocuos, cantantes y acróbatas y que tal vez sea la hija a quien, aunque sea fugazmente, podrá darle alguna felicidad. Lo que sí puede asegurarse es que será difícil permanecer indiferente ante la irresistible seducción visual de este triple homenaje (a Tati, al music hall, a Edimburgo) en el que no falta algún guiño y hasta incluye imágenes de Mi tío .

Mucho más difícil todavía será aceptar la leyenda del final. Si "los magos no existen", según dice, ¿cómo se explica lo que hemos visto hacer a Chomet?

4.00
Muy Buena

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Comentarios

geg comentó:

El ilusionista

5.000
"Increíble"

"Quien haya visto Las trillizas de Belleville ya sabe lo que es el verdadero cine de animación, dibujado, no hecho por computadora. Este es maravilloso. Además recrea al personaje de Jacques Tati, para el caso Tatischeff, como era el real apellido de este genio del humor y nos deja ver la ciudad de Edimburgo como creo que jamás una cámara real la podrá mostrar. Eso sí, a pesar de los momentos de humor en que uno se ríe con ganas, es una película muy melancólica."

Hace 6 anos · Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
myra comentó:

4.000
" Muy Buena "

LA ANIMACION ES ABSOLUTAMENTE INCREIBLE Y EL PERSONAJE DEL ILUSIONISTA TE TIENE PEGADO.ES UNA HERMOSA (A VECES DIVERTIDA Y A VECES TRISTE) HISTORIA PARA NO PERDERSELA

Hace 4 anos · Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
silviorobagliati comentó:

El ilusionista

"como se descargan las peliculas?"

Hace 5 anos · Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder

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