Remake del film de Mike Hodges de 1971, con Michael Caine. Jack Carter, es un matón a sueldo de Las Vegas encargado de ajustar las cuentas a aquellas personas que deben dinero y no pagan. Sus métodos son expeditivos, siempre que incluyan la violencia. Pero, con el tiempo, harto de realizar este tr ... Leer más
Remake del film de Mike Hodges de 1971, con Michael Caine. Jack Carter, es un matón a sueldo de Las Vegas encargado de ajustar las cuentas a aquellas personas que deben dinero y no pagan. Sus métodos son expeditivos, siempre que incluyan la violencia. Pero, con el tiempo, harto de realizar este trabajo, se produce en Carter un cambio en su forma de pensar, en su concepto de honor y familia, y en su manera de ganarse la vida.
| Género | Acción, Drama, Suspenso |
|---|---|
| Título Original | Get Carter |
| Director | Stephen Kay |
| Protagonistas | Sylvester Stallone, Michael Caine, Mickey Rourke, Miranda Richardson, Rachael Leigh Cook |
| Año de producción | 2000 |
| Duración | 102 minutos. |
| Productor | Neil Canton, Mark Canton, Elie Samaha |
| Guionista | David McKenna |
| Música | Tyler Bates |
| País | Estados Unidos |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 82 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Última modificación | la vieja (Hace un año) |
No hace falta referirse a su poco edificante contenido -otra de esas irresponsables contribuciones a la legitimación de la venganza y la promoción de la violencia más encarnizada que suele hacer el cine para colocar a "El implacable" entre las remakes más innecesarias y fallidas que ha dado Hollywood en los últimos tiempos: en este caso, la de ... Leer más No hace falta referirse a su poco edificante contenido -otra de esas irresponsables contribuciones a la legitimación de la venganza y la promoción de la violencia más encarnizada que suele hacer el cine para colocar a "El implacable" entre las remakes más innecesarias y fallidas que ha dado Hollywood en los últimos tiempos: en este caso, la de "Get Carter" (1970), celebrado policial inglés de Mike Hodges con Michael Caine. Es un film oscuro, ampuloso, incoherente, sobrecargado de frases "inteligentes" que quieren ser metafóricas y carente de personajes que despierten algún tipo de adhesión. Busca ser uno de esos festivales de testosterona y adrenalina que sus fans esperan del alicaído Sylvester Stallone, pero los rasgos del tipo duro del caso -hombre atildado y de barbita pulcramente recortada, que tanto sabe lucir su inmaculado traje inarrugable como los tatuajes que le decoran los venosos músculos de fisicoculturista- han sido tan recargados que el retrato se parece a una caricatura y convierte en patético y a veces en risueño lo que debió haber sido estremecedor.
Que genere escalofríos, al fin, o que mantenga al espectador en vilo es lo que, por definición, puede esperarse de un thriller. "El implacable" parece estar lejos de lograr semejante conexión con la platea, y la responsabilidad le cabe sobre todo a Stephen Kay, que a juzgar por lo visto aquí es de esos directores que creen que no hay mejor forma para seducir visualmente al espectador que bombardearlo con toda clase de efectos, desde desenfoques e imágenes borrosas buscadas en los espejos o en los cristales mojados hasta superposiciones, sobreexposiciones, flashes, intermitencias, movimientos bruscos, ángulos rebuscados y cámaras que se ponen patas para arriba. Siempre, claro, a toda velocidad, como parece imponerlo el lenguaje aprendido en los videos musicales.
Como consecuencia, es esa cámara ampulosa y exhibicionista la que se interpone casi siempre entre la historia y el espectador. Si a esto se suma que todo el presunto interés del cuento reside en el avance de su trama, podrá inferirse hasta qué punto se ve reducido el atractivo del film.
Lo que "El implacable" cuenta es la historia de un profesional de Las Vegas (de algún modo hay que llamar a este matón que se encarga de moler a golpes, o algo más, a quienes se distraen del pago de sus deudas). El hombre, solitario e impenetrable, ha estado alejado algunos años de su familia, pero vuelve a Seattle con motivo de la muerte de su hermano menor, víctima de un extraño accidente. Como algo le huele mal, se pone a investigar y se topa con una intrincada red de traficantes de pornografía, violadores, rufianes que no sólo parecen haber sido responsables de la muerte de su hermano, sino que también atacan a su cuñada (pobre Miranda Richardson, tan desperdiciada) y a su sobrina, la muy meritoria Rachael Leigh Cook.
En fin: ya está todo listo para que la maquinaria vengativa se ponga en marcha. Stallone es llamado a su juego y ahí empieza el explícitamente justificado y sanguinario show de violencia, matizado con persecuciones en automóvil, choques, tiroteos, combates cuerpo a cuerpo (incluido el que podía esperarse entre el actor de Rocky y el deteriorado Mickey Rourke, que alguna vez quiso hacer carrera en los rings) y asesinatos a sangre fría, a veces por la espalda.
Pero ni este muestrario (escasamente aleccionador, por cierto) logra atrapar la atención de la platea porque la ansiedad de estilización del director es tanta que la mitad de las situaciones ni siquiera se entiende. Eso sí: cuando llega la hora de que la cámara se aquiete para que Stallone muestre su fibra dramática en una escena con su sobrina uno empieza a pensar que, al fin y al cabo, los artilugios visuales de Stephen Kay no estaban tan mal.
Fernando López


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Mala
Uno espera de estas películas que lo mantengan en vilo, sea por la trama, el peligro inminente, la violencia desatada, pero no es así. No es que no estén esos elementos, pero están mal definidoso manejados, con lo cula uno se aburre, que es el peor pecado en el cine.