Las películas de esclavos devenidos gladiadores en majestuosos coliseos, las historias sobre el ascenso, el esplendor y la caída del intrigante y corrupto Imperio Romano constituyeron uno de los más populares y lucrativos subgéneros del Hollywood de los años 50 y 60.
Tras un paréntesis de casi cuatro décadas, dos grandes estudios aunaron ... Leer más Las películas de esclavos devenidos gladiadores en majestuosos coliseos, las historias sobre el ascenso, el esplendor y la caída del intrigante y corrupto Imperio Romano constituyeron uno de los más populares y lucrativos subgéneros del Hollywood de los años 50 y 60.
Tras un paréntesis de casi cuatro décadas, dos grandes estudios aunaron recursos, desempolvaron aquellas viejas ideas y, con el aporte de sofisticados efectos especiales, concibieron esta superproducción.
El encargado de filmar este mediocre guión, que no gambetea ningún lugar común y no sabe de sutilezas, es Ridley Scott. El talentoso realizador inglés, que arrancó su carrera con gemas como "Los duelistas", "Alien" y "Blade Runner", viene en los últimos años de tropiezo en tropiezo (véanse "1492: La conquista del Paraíso" o "Hasta el límite").
En este caso, cual solvente profesional publicitario sin el más mínimo compromiso emocional con lo que está contando, Scott se limita a diseñar un puñado de espectaculares secuencias de guerra (la batalla inicial contra los "bárbaros germanos" al estilo "Corazón valiente", los sangrientos duelos a muerte en el circo romano). Pero, en cuanto a los conflictos dramáticos y a la construcción de los personajes, la película es tan elemental que está para que el espectador le baje el pulgar y la tire a los leones.
Intrigas palaciegas
Ambientada en el año 180 a.C., durante la gestión del gran Marco Aurelio (Richard Harris), "Gladiador" se centra en las hazañas bélicas de Máximo (Russell Crowe), un mítico general que logró con sus sucesivos triunfos llenos de osadía y estrategia expandir el Imperio Romano hasta dominar más de la cuarta parte de la población mundial.
Pero el asesinato de Marco Aurelio a manos de su propio hijo Cómodo (Joaquin Phoenix), que asume inmediatamente el poder, significa el comienzo de una serie de oscuras confabulaciones, traiciones y asesinatos.
En ese contexto, el bueno de Máximo escapa de forma milagrosa de la muerte, pero termina como un esclavo que debe mantenerse con vida apelando a su destreza física en desiguales combates. Mientras, el ambicioso y tiránico Cómodo intenta mellar el poder del Senado con medidas populistas.
Si la trama es de una previsibilidad que transforma a cualquier miniserie del estilo "Yo, Claudio" en una obra maestra, todavía más obvias resultan las referencias que Scott y sus guionistas proponen. El regreso de las tropas a Roma parece calcado de "El triunfo de la voluntad", el film propagandístico de Leni Riefenstahl sobre el apogeo del nazismo. Y, por supuesto, no faltan guiños a "Quo Vadis", "Ben-Hur", "Hércules", "La caída del Imperio Romano" u otros clásicos reconocibles, pero sin esos toques naïf, casi humorísticos, que tuvieron los exponentes del género en su época de gloria.
A tono con las últimas tendencias de Hollywood hay también aquí una glorificación de la muerte, de la heroicidad, con los mártires que justifican con sus acciones y sus principios cualquier sacrificio humano.
Actores poco convencidos
Por el lado de las actuaciones, los grandes intérpretes británicos contratados (aparecen Richard Harris, Derek Jacobi y Oliver Reed, en su último trabajo antes de morir) parecen no haberse tomado demasiado en serio la película, mientras que el estereotipado malvado que encarna Phoenix termina siendo risible en sus artificiosas muecas y miradas de crueldad.
El único que aporta convicción, integridad (y algo de solemnidad) es el neozelandés Crowe (candidato al Oscar por "El informante"), una suerte de nuevo Marlon Brando que va camino de convertirse en gran estrella. Claro que tamaña entrega física y dramática (entrega un logrado acento inglés) se queda en un esfuerzo solitario, inútil: es como si estuviese haciendo Shakespeare pero en un teatro de revistas.
Así, en su intento por revivir el género, "Gladiador" apenas convence con las apuntadas escenas de luchas en marcos multitudinarios (que manejan una estética claramente deportiva que recuerdan al Oliver Stone de "Un domingo cualquiera") y una banda de sonido épica con reminiscencias wagnerianas a cargo de Hans Zimmer y Lisa Gerrard (el dúo que había entregado un trabajo similar en "El informante"). Muy poco para 154 minutos de duración y 107 millones de dólares de presupuesto. En definitiva, otra oportunidad perdida.
Diego Batlle
Gladiador
"Increíble"
"Excelente pelicula, accion, suspenso. Muy entretenida y la historia como debe ser con un buen principio, desenlace y final. Una de mis favoritas. Excelente papel el de Russell Crowe."