Sepan los visitantes nuevos de este sitio, que he sido un fiel lector de los siete libros de Potter. Desde la tercer película de disfrutado cada una de ellas, justo cuando dejaron de lado el tratamiento infantil que quizás necesariamente le tuvieron que dar a las dos primeras.
Sigo creyendo que los libros son insuperables y que su traslado a la ... Leer más Sepan los visitantes nuevos de este sitio, que he sido un fiel lector de los siete libros de Potter. Desde la tercer película de disfrutado cada una de ellas, justo cuando dejaron de lado el tratamiento infantil que quizás necesariamente le tuvieron que dar a las dos primeras.
Sigo creyendo que los libros son insuperables y que su traslado a la pantalla es dificilísimo. Ya que es imposible llevar todo el mundo que inventó Rowling a una duración lógica de una película.
Entiendo que fans acérrimos a veces no queden conformes con algunas cosas que se omiten, pero yo en el balance general, festejo la recreación de ese mundo fantástico.
Voy de lleno ahora a esta película. Y como en las últimas críticas lamentablemente no puedo hablar para quienes no conocen mínimamente la historia.
Esta Harry Potter, tiene algunas cosas que no están del libro, otras abreviadas y algunas aceleradas. Pero lo esencial, lo básico, está.
Quien quiera ir a ver la “matrix”, pierde el tiempo. Yo me siento y disfruto de la película y lo que me muestra. No voy a tomar lista diciendo, “acá no es así”. Para eso ni vayas o sacate fotos para subirlas a tu fotolog…
Lo que me había gustado mucho de este nuevo director, fue el tratamiento de filmación arriesgado en algunas escenas, como si fuera una película independiente en Harry Potter y la orden del Fénix. Por los planos, por el movimiento de cámara. Y a su vez tenía un gran laburo de fotografía.
Acá eso sigue en pie y reforzado. Es necesario este trato, porque la historia no es dulce y a colores. Y me parece fantástico que no se altere eso!
También es una realización que no intenta introducir a nadie en el mundo Potteriano… va directo al grano.
De hecho es una película que si no sabés nada, y no viste TODAS las películas, no vas a entender nada!
Y encima el final, es el más inconcluso de todos. Estimo que cuando corten a la séptima al medio, tendrá “mejor final” que el de esta película, que puede desconcertar a los “extraños”.
Lo que sigue realzando la tarea de David Yates, el director, es poner los efectos especiales al servicio de la narración. Pavaditas como la de mover la cámara entrando y saliendo del tren, hacen el relato ameno y a la vez vistoso.
Esa escena, que previamente se vió en el trailer, donde la chica es elevada por los aires, es tan tenebrosa como la de cualquier película de terror.
El otro día vi algunas escenas de las primeras, y a la distancia es para aplaudir a los que eligieron en elenco hace tantos años. El laburo que hicieron sobre ellos es maravilloso. Todos son grandes actores y uno no puede leer los libros sin imaginarlos directamente a ellos. Hasta Daniel Radcliffe ahora hace bien su tarea!!!
Creo en los que mas se nota en esta sexta, sin lugar a dudas son los actores de Draco y Ron. Ya casi están a la altura de Emma Watson y su Hermione. De los grandes, lo de Alan Rickman y su Snape cada vez es mejor, y deseo verlo en la próxima para aplaudir de pie todas sus participaciones.
La película dura poco más de dos horas. Para mi fue lo necesario, pero realmente como se más o menos lo que falta venir, no se hace tedioso.
Pero la sensación que te deja esta historia, no es para salir festejando que viste Harry Potter. Es lo mismo que pasa con el sexto libro! ¿Pero es buena? Obvio!
Pero te hago una comparación: ¿te acordás de Pecados capitales (Seven)…? ¿es una buena película? Claro! ¿La querés ver de nuevo? No no… la pasás muy mal.
Harry Potter y el misterio del príncipe es lo que tiene que ser, ni más ni menos. Y eso simplemente para mi es brillante. Como siempre, gracias Rowling por darnos esta historia, pero gracias nuevamente Yates, por entender “el todo”, y por filmarlo de esta manera. Por los soldados de Dumbledore, SALUD!
Sir Chandler
Harry Potter regresa a Hogwarts para su sexto año, en donde además de continuar con su preparación, será adiestrado por el mismo Dumbledore en otra materia: el conocimiento de Voldemort, aunque la experiencia puede no resultar grata ni satisfactoria.
Harry Potter y el Misterio del Príncipe, el libro, es indudablemente, uno de los capítulos ... Leer más Harry Potter regresa a Hogwarts para su sexto año, en donde además de continuar con su preparación, será adiestrado por el mismo Dumbledore en otra materia: el conocimiento de Voldemort, aunque la experiencia puede no resultar grata ni satisfactoria.
Harry Potter y el Misterio del Príncipe, el libro, es indudablemente, uno de los capítulos más intensos en la saga del joven mago, no sólo por la evolución notoria de los personajes, sino por la presencia de factores que alejan la trama de lo infantil para adentrarla en un mundo más real, más cercano al nuestro, más lleno de riesgo, de claroscuros, de historias que a veces concluyen sin finales felices.
Traducir el libro al lenguaje cinematográfico se antojaba complicado por la multitud de hilos desarrollados a un mismo tiempo; y es en este sentido donde la cinta halla quizás su traspiés más obvio; no obstante, decir que este sexto episodio es malo, es lo más alejado de la realidad; por el contrario, la película de David Yates (su segunda en la saga) refresca la colección y muestra una madurez visual que no se percibe en las últimas entregas, acercándola al dramático expresionismo alemán, destacándose en ello una fotografía más trabajada y una edición que sorprende en varias ocasiones por su creatividad, sin mencionar los efectos especiales que son por mucho, los mejores de las seis cintas.
Dos escenas destacan en este contexto, el ataque de los mortífagos a la Madriguera y el rescate del Horrocrux en la cueva. Atención especial también merece la música de Nicholas Hooper que, con nuevos acordes renueva lo ya visto, bajo otros ritmos; ver, o mejor dicho, oir, en este sentido, las escenas del quiditch.
De los personajes no se puede pedir más de lo entregado, pues por obviedad, después de cinco cintas, es lógico que se sientan todos más cómodos en sus roles, lo que permite una mayor desenvoltura del personaje, situación que se aprecia especialmente en Hermione quien sucumbe en esta entrega antes sus hormonas; Draco Malfoy, quien entremezcla la debilidad con el odio, y el mismo Dumbledore, que fusiona el cansancio con la sabiduría y el poder. Mención especial merece Jim Broadbent en el rol del Profesor Slughorn quien parece arrancado literalmente de las páginas del libro; y en lo personal, añadiría también un elogio a Helena Bonham Carter cuyo rostro desfigurado por la exacerbada locura, le imprime un dramatismo exquisito a sus breves escenas.
A pesar de su extensa duración, 153 minutos, la cinta mantiene un buen ritmo a pesar de su falta de acción y logra adentrar al espectador en una historia sólida y bien trabajada, al menos durante tres cuartas partes, pues, a diferencia del libro, parece decaer hacia el final. Mientras que en las letras de Rowling el desenlace es poderoso y demoledor, en la película luce pálido y fuera de forma.
Es bien sabido que este episodio funge como un enlace hacia el gran final y por tanto sólo constituye un nudo en un panorama más amplio, sin embargo, ello no justifica su debilidad en uno de los pasajes más fuertes y tristes de la saga.
Por otro lado, si bien es entendible que no todo el libro puede estar plasmado en escenas, algunos hechos que en las letras son esenciales para el desarrollo de la historia, en la cinta lamentablemente son omitidos o relegados a un nivel anecdótico, como la vida de Voldemort o el mismo tema que da nombre al libro: el misterio del príncipe… ¿Se corregirá esto en el siguiente episodio?
Finalmente, HP6 no es ajena a las modas cinematográficas y llega a las pantallas en formato tradicional y IMAX, además de tener versiones en 3D, cualidad ésta última que, aunque espectacular por momentos, es innecesaria absolutamente; de hecho, el 3D no está en toda la cinta, sino en los minutos inicales, que al parecer fueron desarrollados específicamente para lucimiento de la técnica… presupuesto que con toda seguridad, habría caído mejor en las escenas finales.
De modo que, aunque la cinta bien puede decirse que es un conjunto de claroscuros, (en todos sentidos), también es un producto que vale la pena de verse y disfrutarse, por todos, pero especialmente por los fans de la saga, quienes, teniendo el respaldo del libro, vivirán con mucha mayor intensidad la experiencia.
Luego de la La Orden del Fénix, discreta quinta entrega de la saga, podía esperarse de manos del mismo director (el inglés David Yates) un sexto episodio sin grandes riesgos ni sorpresas. Por suerte, los prejuicios quedan aquí sepultados por una película que no sólo sostiene con buenos recursos el interés y el suspenso durante las dos horas ... Leer más Luego de la La Orden del Fénix, discreta quinta entrega de la saga, podía esperarse de manos del mismo director (el inglés David Yates) un sexto episodio sin grandes riesgos ni sorpresas. Por suerte, los prejuicios quedan aquí sepultados por una película que no sólo sostiene con buenos recursos el interés y el suspenso durante las dos horas y media de relato sino que además profundiza aspectos que se venían insinuando sin demasiados hallazgos en los últimos dos films.
En principio, los personajes (y sus actores, claro) han abandonado cierta inocencia propia de sus aventuras infantiles para convertirse ya de forma definitiva en adolescentes que toman sus vidas (y sus riesgos) de manera más consciente y adulta. Es interesante, en este sentido, ver cómo los tres intérpretes protagónicos (Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint) han ido cambiando sus rostros, sus físicos y sus gestos para convertirse en estrellas juveniles con vuelo propio.
Las búsquedas, deseos, confusiones, contradicciones y miserias del período adolescente encuentran por fin una buena conexión entre las exigencias fantásticas de la historia central y el mundo interno de cada uno de los personajes. El regreso del guionista Steve Kloves, que no había trabajado en La Orden del Fénix, permite plantear y desarrollar con bastante sensibilidad y profundidad el universo de seducciones, rechazos, celos, envidias, competencias, inseguridades y equívocos que se da en todo universo juvenil como el de la escuela de magia de Hogwarts.
Tensa oscuridad
Más allá de ese costado más íntimo, la película también alcanza un gran sentido del espectáculo sin por eso regodearse (ni refugiarse) en sofisticados efectos visuales generados por computadora, que aquí ?más allá de un despliegue muchas veces impactante? resultan siempre funcionales a la narración.
El tercer aspecto que hace de El misterio del príncipe un film que recupera la tensión, la negrura y la pulsión cinematográfica de El prisionero de Azkabán es la ascensión al centro de la escena de dos grandes actores como Michael Gambon y Alan Rickman para dar vida al duelo entre Albus Dumbledore y Severus Snape. La principal incorporación de este sexto capítulo es Jim Broadbent, como el profesor Horace Slughorn, que regresa de su retiro para que Harry Potter pueda conocer algunos oscuros secretos de su pasado.
La solidez de la película, el crecimiento de los personajes, la precisión quirúrgica con que el guionista Kloves ha diseccionado las casi 800 páginas del libro y el poderoso final hacen aguardar ahora sí con esperanza las dos últimas películas de la saga en que se dividirá la novela final de H. K. Rowling, Las reliquias de la muerte, otra vez con la dupla Yates-Kloves como máximos responsables.
Diego Batlle
¡Corre a verla, muggle!
Quedaron atrás las aventuras y los juegos para niños. Se eliminan mayormente las criaturas fantásticas y los seres monstruosos, los hechizos pueriles y las pinturas vivientes. Se refuerza la imagen del quidditch como juego violento y viril, y los jóvenes se transforman debido a las hormonas y el gusto por el sexo opu ... Leer más ¡Corre a verla, muggle!
Quedaron atrás las aventuras y los juegos para niños. Se eliminan mayormente las criaturas fantásticas y los seres monstruosos, los hechizos pueriles y las pinturas vivientes. Se refuerza la imagen del quidditch como juego violento y viril, y los jóvenes se transforman debido a las hormonas y el gusto por el sexo opuesto. Y es que Harry Potter y el misterio del príncipe (Gran Bretaña-EU, 2009), sexta entrega de la saga, se inclina por los cambios adolescentes y las respuestas emocionales de los jóvenes estudiantes de la Academia de Magia de Hogwarts, como lo había hecho ya Alfonso Cuarón en la tercera cinta de la serie. No obstante, David Yates, cineasta británico al que le han sido encomendadas a su vez las dos nuevas y ¿últimas? entregas del material literario creado por J.K. Rowling y su guionista Steve Kloves –autor de cinco de los seis guiones–, apuestan por los idilios y los celos dignos de RBD o High School Musical, y la continuación de una fórmula que corre el riesgo de estancarse. En contraste, aciertan en dosificar el protagonismo del huérfano Harry Potter (Daniel Radcliffe) y compartirlo con sus mejores amigos Ron Weasley (Rupert Grint) y Hermione Granger (Emma Watson), y es que el profesor Dumbledore (Michael Gambon), acaba trastocándose en el gran protagonista del relato. En esta ocasión, la trama del libro es reducida al máximo para concentrar la acción en dos ejes. Por un lado, la parte romántica: Potter ama a Ginny, hermana de Ron, y viceversa. Ron ama a Lavender y Hermione a Ron, provocando sus celos. A su vez, el hallazgo de un libro de pociones perteneciente a un extraño personaje del pasado: el príncipe mestizo, cuyas claves sólo pueden ser descifradas a través de los recuerdos que guarda el vanidoso ex profesor de pócimas, Horace Slughorn (Jim Broadbent). La personalidad del misterioso alumno Tom Riddle conecta con las defensas de Lord Voldemort, ya que los Mortífagos están empezando a crear el caos. La anarquía causada por los secuaces de Voldemort empieza afectar el universo de la magia y del mundo muggle, y Dumbledore tiene una misión fundamental para Potter, en un relato sobre la toma de decisiones: ya sea los que apuestan por el bien, o aquellos elegidos para continuar las artes oscuras. Un acto que tendrá importantes consecuencias en un futuro muy próximo.
Por Rafael Aviña
Dejemos de lado las escenas que quitaron por agregar otras en una osada adaptación. Abrimos con los mortífagos invadiendo el mundo muggle donde podemos comprobar, por primera vez en la cinta, dos de las cosas rescatables: la ambientación y los efectos digitales. Lamentablemente, esa adrenalina que es inyectada con esta poderosa secuencia, se va ... Leer más Dejemos de lado las escenas que quitaron por agregar otras en una osada adaptación. Abrimos con los mortífagos invadiendo el mundo muggle donde podemos comprobar, por primera vez en la cinta, dos de las cosas rescatables: la ambientación y los efectos digitales. Lamentablemente, esa adrenalina que es inyectada con esta poderosa secuencia, se va diluyendo en las casi tres horas de duración del filme, segundo de los cuatro que estarán bajo la dirección de David Yates en la saga.
Después del ataque obscuro, hay que enterarnos que Harry se ha convertido en material de tabloide y que reclutarán a un nuevo maestro para Hogwarts, Horace Slughorn (un Jim Broadbent cumplidor pero que va de más a menos). Luego está el eje de la historia: los estudiantes. De manera inmediata descubrimos que ahora es más importante elegir correctamente al compañero de graduación que dominar las recetas de pociones y conjuros. Recibir o hacer indirectas amorosas y sexuales, se ha convertido en la materia favorita, siendo las de Lavender Brown (Jessie Cave), las más insistentes e insoportables, rebajando a Ron Weasley a un simple ladies man, en lugar de ser el verdadero brazo derecho que solía ser para Harry. Este exceso de conflictos adolescentes hacen que el punto crucial (¡Voldemort se ha dividido en pedazos para resucitar y sus secuaces están cerca de lograr que suceda!) pase al rango de subtrama hasta que llega un repentino tercer acto que se torna anticlimático y que hace extrañar como nunca la presencia de Ralph Fiennes (tenemos que conformarnos con las versiones light de su personaje en flashbacks). Helena Bonham Carter y Alan Rickman se sienten desaprovechados, caricaturizados, a pesar de tener más tiempo en pantalla. Yates no es director de actores.
En contraparte, la importante secuencia de la caverna está bien lograda, hicieron un buen trabajo de dirección de arte y logra su propósito aterrador, mas no el dramático. Ésta da pie a una muerte que está lejos de conmover, alejada de la carga emocional que se le debía a una celebridad con este peso. Además, la cinta concluye sin contarnos que pasó con los personajes secundarios (¿qué con Slughorn? ¿con los aurores? ¿con los otros estudiantes? ¿con el mundo muggle?). Prefirieron dejarlo a la imaginación y poner al protagonista sobre una hermosa puesta de sol, junto con sus amigos, usando, otra vez, más tiempo para hablar de estrategias de amores como respuesta a los tiempos extremadamente difíciles que están corriendo. Incongruente. Por el bien de la franquicia, esperemos que de manera deliberada, El misterio del príncipe sea tan sólo un largo puente para la conclusión de la saga: esta entrega es la más pobre de las seis que hemos visto hasta ahora y sería injusta una conclusión mediocre.
Dato extra para aquellos que la vean en 3D: Dos escenas, ambas en el principio, son las únicas que se presentan en este formato además del logo de WB. Qué bien hubiera funcionado en las escenas climáticas como la de la cueva o la del duelo final. Pagar extra por el boleto de IMAX-3D puede sentirse como una tomada de pelo.
–Carlos Gómez Iniesta
A punto de abordar su último acto, la serie Harry Potter luce cada vez más lejos del espectáculo de feria de sus primeras entregas, al que parece haber trocado definitivamente por lo fantasmagórico-oscuro, lo sensorial y climático. Todo ello presidía ya la anterior La orden del Fénix, dirigida, como ésta, por David Yates. Teniendo en cuenta ... Leer más A punto de abordar su último acto, la serie Harry Potter luce cada vez más lejos del espectáculo de feria de sus primeras entregas, al que parece haber trocado definitivamente por lo fantasmagórico-oscuro, lo sensorial y climático. Todo ello presidía ya la anterior La orden del Fénix, dirigida, como ésta, por David Yates. Teniendo en cuenta que Yates tiene a su cargo la última de la heptalogía (que se presentará, en dos partes, a fines de 2010 y mediados de 2011), todo indica que ésa terminará siendo la tónica de una saga que, en su versión cinematográfica, parece haber ido madurando junto con sus protagonistas, sofisticándose y volviéndose más sugerente en sus últimas estribaciones. Habrá que agradecerle el giro de timón al providencial Yates que, contando con cero antecedente, logró rescatar una serie que, hasta su comando y con la única excepción de El prisionero de Azkabán (donde el mexicano Alfonso Cuarón había logrado un milagro semejante), parecía definitivamente perdida.
Si La orden del Fénix se ponía bajo el signo de lo ominoso desde la primera escena, El misterio del príncipe levanta la apuesta y lo hace desde antes. El logo de la Warner Brothers no sólo se presenta en blanco y negro, sino en medio de borrascosas nubes y truenos, que parecerían querer ahogarlo. Desde esos cielos, unos mortífagos se lanzan en picada, desatando el pánico en esa ciudad del futuro que es la Londres de hoy y convirtiendo el gigantesco Millenium Bridge en algo parecido a una culebra con convulsiones. Todo ello parece anunciar la conmoción mayor que tendrá lugar sobre el final de esta sexta entrega y que quienes leyeron la novela no ignoran: en El misterio del príncipe hay una muerte que deja a la serie casi sin centro. En el comienzo del nuevo ciclo lectivo, el rector Albus Dumbledore (Michael Gambon) pide ayuda a Harry (Daniel Radcliffe) para develar un secreto crucial, vinculado con Tom Riddle y ciertos talismanes esenciales para su reinado, llamados horrocruxes.
¿Que quién es Tom Riddle? Muy sencillo: el mismísimo Lord Voldemort, Amo de las Tinieblas, pero en su infancia, cuando aún era un simple mortal y cursaba en Hogwarts. El otro personaje al que Dumbledore necesita para desentrañar el misterio de los horrocruxes es el profesor Slughorn, un experto en pociones que fue profesor de Riddle. Jim Broadbent le presta, en su ingreso a la serie, su habitual aspecto bonachón y distraído. En el plantel de profesores –o de glorias del cine británico, si se prefiere–, el operístico Severus Snape agiganta aquí su preponderancia sobre los demás. Cada vez más hiperbólico, Alan Rickman engola y dilata la pronunciación de cada palabra, llevando a su personaje a niveles Monty Python. Entre los alumnos, las miradas cruzadas, intrigas amorosas y piquitos furtivos delatan que hace como seis películas que esos chicos dejaron de tener once años. De los sortilegios hormonales no están exentos, desde ya, el pelirrojo Ron (Rupert Grint), la rubiecita Hermione (Emma Watson) y el mismísimo Harry, que no deja de mirar a la hermana de Ron.
Más darkie que nunca, Helena Bonham-Carter lidera a un grupo de mortífagos, en el ataque que amenaza desestabilizar para siempre el orden de la saga entera. Desestabilización que El misterio del príncipe deja sin resolver, en uno de los finales más audazmente inconclusivos que Hollywood se haya permitido en mucho tiempo. Escrito, como casi toda la serie, por Steve Kloves (autor de los de Los fabulosos Baker Boys y Fin de semana de locos), al guión de El misterio del príncipe le lleva más de una hora entrar realmente en tema, lo cual no es poco. Pero la puesta en escena de David Yates despliega una sugestión visual que no depende de trucos ni de golpes de varita. Disimula así, aunque sea en parte, esas negligencias narrativas, compensando también la alarmante pérdida de carisma del trío protagónico. Teniendo en cuenta que recién andan por los 20, ¿puede decirse que Radcliffe, Grint y Watson “envejecen” mal?
Los encapotados cielos del comienzo, las noches cargadas de presagios, las climáticas sombras durante el ingreso de Harry y Dumbledore a casa de Slughorn, la densa niebla que cubre una gruta peligrosa, los veloces sobreimpresos de imágenes en medio de algún sortilegio y un sabio manejo del espacio en la escena culminante son muestras del paciente, atmosférico artesanado de Yates, que sólo cede al show de efectos especiales de modo ocasional y porque el género “gran espectáculo” así lo exige. Si sólo Radcliffe y sus amigos tuvieran algo más de magia...
Por Horacio Bernades
Sexta película basada en las aventuras de Harry Potter, el mago creado por la novelista británica J. K. Rowling.
Lo más interesante, que sería trazar psicológicamente la génesis de la actitud y motivaciones de Voldemort y el progreso de este personaje con memoria en flashbacks, se minimiza en comparación con el énfasis sobre la efervesce ... Leer más Sexta película basada en las aventuras de Harry Potter, el mago creado por la novelista británica J. K. Rowling.
Lo más interesante, que sería trazar psicológicamente la génesis de la actitud y motivaciones de Voldemort y el progreso de este personaje con memoria en flashbacks, se minimiza en comparación con el énfasis sobre la efervescencia hormonal y los tejemanejes poco interesantes de los romances juveniles.
David Yates y el guionista Steve Kloves, que desdeñan aspectos épicos del libro, intentan equilibrar los amoríos ligeros con toques de humor con las atmósferas tenebrosas del relato iniciático sobre maduración y destino con centro en el combate entre el bien y el mal, alternando momentos de vibrante intensidad con situaciones colegiales-adolescentes de parloteo insípido.
A pesar de tales momentos soporíferos y el formulista global, la película compacta las claves mágicas, temáticas y personales de la saga, las interpretaciones resultan convincentes, y visualmente la película reitera con profesionalidad texturas e imaginerías previas con un diseño de producción excepcional.
Su final anticlimático termina dejando un sabor indiferente como tramo-lanzadera de las nuevas entregas.
Harry Potter y el Misterio del Príncipe
"Excelente"
"Sin mucho que decir, sigue sorprendiendo cada minuto de cada pelicula. Realmente un peliculon, mejor dicho la saga entera es tremenda. Ojala termine bien y no como lost que empezo muy buena y termino muy mal"